Una mujer recorre la Gran Vía.
Busca una puerta abierta,
tropieza con maletas que se cruzan
y bolsas de papel
que van a ningún sitio.
Pierde un zapato y llora,
avanza lentamente,
se para ante un portal con flores secas,
esa era la señal.
El número catorce,
ese trece más uno
que había visto en sueño tantas veces.
Descalza sube los peldaños,
que gritan a su paso,
primero, segundo, tercero, cuarto, quinto...
Se asoma a la ventana y tiembla.
Ese patio interior se desvanece
tal y como pasaba en su cabeza.
Las cuerdas de la ropa recubiertas de escarcha,
el olor a puchero y a tabaco,
canta Antonio Machín, Toda una vida
La mujer tararea suavemente,
y mira su reloj.
Ya son las dos y media, llega tarde,
sus voces no la esperan.
Se asoma un poco más, y se santigua,
se impulsa un poco más, salta al vacío.
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