I
Los hombres y mujeres se arrodillan, dan paso a rezos luminosos
y beben leche ensangrentada.
El verdor de la infancia se hace eco
en medio de aquel bosque que inventaron,
donde no hay lunas sin regazo
ni abrazos cálidos sin ruinas.
Hoy soy la dueña de esos sueños
Y araño todas las palabras,
Las acomodo donde se sientan libres y salvajes.
La muerte y sus sonidos poco importan
mientras la nada nos espera.
Se adivina una música entre bombas,
arrullos entre locos y malvados
y un infierno que siempre se erige victorioso.
Cuando este mundo solo sea un bosque oscurecido, una casa vacía, una tormenta atroz y mil inviernos,
cuando no quede nada,
te encontraré en esta historia polvorienta.
Me haré más fuerte y poderosa.
creando y recreando mis recuerdos
La vida sin relato es muerte en vida.
II
¿Era esta la vida que inventamos?
¿Es este infierno el que florece?
Me desperté y la noche se dormía.
Descansada y muy lejos de la paz de los mares y amoríos,
de las flores que nacen entre hielo, de ese infinito fuego,
pude vender mi alma sin excusas,
mi libertad edulcorada,
m fe creciente
y la muerte.
Siempre es domingo entre los libros
y el silencio espectral que me rodea.
Cualquier atardecer es buen momento
para crear la obra venidera.
Sentidos y memoria,
aquel olor a tinta china,
cuaderno de dos líneas,
y caramelos.
Pronto amanecerá.