Etiquetas

jueves, 25 de diciembre de 2025

PLEGARIA

 
Dios, ¿dónde estás que no te encuentro?
Te he buscado en los ojos de mi madre,
en la pálida luz de los sintecho,
en las aguas salvajes del desastre.
 
¿Dónde estás dios? ¿estás dormido?
y no escuchas los llantos de tu pueblo,
no ves la cal sangrienta en este nicho
ni voces con el eco del destierro.
 
Dime ¡por dios! si tienes miedo
en este infierno a la deriva.
No basta con rezar un Padre Nuestro
cuando nos falta el pan de cada día.
 
Yo quise creer en ti a mi manera
con tu mano en la cara de los pobres,
sembrador de justicia y vida eterna.
Hoy ni siquiera sé cuál es tu nombre.
 
Si desperté mi fe
dentro de pesadillas de futuro
fue por calmar mi sed 
de paz en este mundo.



martes, 23 de diciembre de 2025

COSER Y CANTAR

A Robe Iniesta y a Joaquín Sabina entre otros por vestirme de música.
 
Se me han ido muriendo las costuras
y el traje de princesa me está grande.
Disfrazada de mí, paseo
y acaricio las piedras que rasgan el satén cuando amanece.
 
Suena la alarma
en el jardín de los silencios,
con trapos que son flores.
Nada es peor que las tinieblas.
Voy a saborear el dolor justo
y acunar las heridas del fracaso.
 
Hoy soy feliz, mañana no
y así otro día y otro día,
habitando algunas dudas sin domingo,
y otras tardes de lunes soleadas.
 
Remendaré la ropa que me arropa.
remataré mi vida
con hilo musical que ensanche el alma.
 
Desde el balcón de mi sonrisa
con blusa de algodón me veo venir.
A mis cincuenta y diez 
aún no es demasiado tarde.




sábado, 20 de diciembre de 2025

A ELLA

 


“Te espero,

en algún sitio estoy esperándote.” (Walt Whitman)

 

Pronto voy a cumplir sesenta años.

Tengo el aliento justo para asombrarme,

desentrañar la esencia de la vida,

de la muerte y de todos mis poemas.

 

Hoy es el primer día, empieza todo.

Los recuerdos de niña, los zapatos,

el abrigo de piel y sus silencios,

el amor de los míos, y los suyos.

 

Alegre y comprensiva,

evoco aquella tarde de diciembre,

en ese mar de dudas con insomnio

y el eco de un silbido en la escalera.

 

Me asomo a la ventana,

observo como vuelan las palomas,

como crece la hierba en las costuras

y ese pañal de luz que me sostiene.

 

Salto al vacío y me detengo,

con los pies bajo tierra.

Añoro el nuevo mar que me cobija

en los sueños más dulces que me visten.

 

 

Sigo buscando en mis lecturas

traspiés y mercromina en la rodilla.

Encuentro la verdad como simiente

de la huella que anida en mi sembrado.

 

Es el tiempo de amar,

de recoger los frutos con nostalgia.

Es hora de dormir tranquilamente

hacia una eternidad que poco importa.

 

La niña que lloró hace sesenta años,

ha huido como el viento.

 

La espero sonriendo en cualquier sitio.