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viernes, 10 de junio de 2016

Línea de vida

Construyo mi vida sin más muros que tu ausencia,
ladrillos despegados sostienen los recuerdos
sin sombras ni acicates, amanece.
Argamasa que liga el corazón deshecho
de tanto morir a tientas sin aparejos,
sin bóvedas de medio punto.
La sangre se derrama por las grietas,
no se puede limpiar,
no hay disolvente que borre el pasado.
Ya está casi acabada la fachada,
voy a guardar el molde con cuidado.
Me reafirmo en mis pilares como puedo.
Remato y revivo.

viernes, 3 de junio de 2016

"ALMARIOS"




"El armario puede ser una metáfora del subconsciente"
 Juan josé Millás



El primero que recuerdo era el armario empotrado. Resistía las embestidas del tiempo forrado de papel pintado en tonos verdes. Allí se escondían las evidencias del paso de los años junto con nuestras almas que estaban también así, empotradas sin apenas poder buscar salida. En un rincón, reposaba un paquete de cartas con una cinta azul de raso que jamás nos atrevimos a tocar.

También recuerdo el taquillón de estilo castellano en la entrada, y el secreter de color beige y tiradores dorados, con una luz que siempre estaba fundida y así pernoctábamos casi a tientas. Guardaba secretos de alcoba, libros prohibidos y diccionarios, junto a una colección de posavasos, tarjetas postales y un diario con un candado estropeado que se abría y cerraba a nuestro antojo. Apuntes de Matemáticas se aburrían de esperar la resolución de tantos y tantos problemas, mientras yo lápiz en mano, solo sabía escribir poemas a lo loco, de protesta, de mineros, de revoluciones que yo no podía conocer,  pero hice mías.


Otro armario que viene a mi memoria es uno con un espejo central, de madera oscura,  con patas y mi reflejo en ropa interior, descubriendo cambios en mi cuerpo y un eterno olor a naftalina, junto a una cama grande y muy alta a cuyo cabecero de bronce se asomaba un artilugio llamado pera, para encender la luz; y ese suelo de terrazo gris, áspero y frío que se asomaba a una balconada de piedra también gris, en una calle gris, de una ciudad gris en un tiempo gris.


Han pasado tantos armarios por mi vida que tengo que seleccionar los más idóneos, los dignos de mención,  los más queridos; entre ellos, uno pequeño, con llave que nunca conseguí cerrar del todo y que escondía detergentes, amoníaco, gamuzas y ambientador de lavanda, todo para limpiar una casa que nunca fue mía. Tampoco ahora lo es y sin embargo, lloro cada vez que pienso en sus vistas al mar, al horizonte, allá donde reposarán los restos de aquellos años felices.

Pero el que más me importa, el que más quiero, es mi armario de lunas corredizas que refleja el sol si está lloviendo y los brotes verdes del árbol que crece en mi acera cada año. En su gran espejo asisto a los cambios de estación, aunque me quede quieta en el apeadero y baje las persianas para apagar miradas incendiarias de los vecinos. No es grande, ni mucho menos y me obliga a tirar lo inservible, lo que me aprieta o ahoga, quedándome solo con lo puesto; lo hicieron a medida y hasta ahora, me va acompañando en todas mis mudanzas; precisamente en la última, al quitar el precinto de una de las cajas, encontré un envoltorio con viejo papel pintado en tonos verdes, lo abrí con cuidado y descubrí un paquete de cartas con una cinta azul de raso que deshice rápidamente y comencé a leer la primera de ellas. Así decía:

“El primero que recuerdo era el armario de lunas corredizas…”



martes, 10 de mayo de 2016

Otro cuento (II)


Desnuda, sola, sin hablar, escribo.
El lápiz tiembla ante el papel en blanco.
Mi mano sueña versos
que muerdan el punto exacto del placer.
Un poema feroz  me sabe a poco.
Encabalgamientos,
aliteración de los sentidos,
licencias que me dejan
entrever tu interior.
Deseo un romance contigo
con rima libre y asonante...


para leerte mejor.





viernes, 29 de abril de 2016

Mudanzas

No guardaré rencor,  solo la ropa
que yace  ausente al paso de los años.
Bolitas de alcanfor por si las moscas,
o algún otro enemigo impertinente.
Ambientadores ciegos de lavanda
buscan un suicidio venidero.
En olor de santidad el Padre Rubio,
miedo, mirada intensa y relicario,
oraciones complejas sin sentido,
penitencia de un dios y su sordina,
esconden un futuro sin presente.
Escribiré algún día sus memorias,
sin saber qué hacer con tanto trasto,
que estorba al corazón y a las arterias.

y mientras, en un patio a las afueras,
esperan unos pasos vacilantes
el último amanecer tras las cortinas.


viernes, 22 de abril de 2016

Ella…

No quiere disfrazar el horizonte.
Sueña con ese día de mañana
que baila alrededor de sus recuerdos,
con un  sonido ciego e hilarante.
Descarnados poemas en cadena,
se cuelan sin pudor y sin entraña
entre los tristes huecos del olvido,
se ahogan en un mundo sin cordura.

Yo…

Me puedo encaramar por su costado,
puedo borrar sus lágrimas sin prisa,
puedo tocar su rostro muy despacio.
Invento amaneceres venideros,
colores invisibles,
teñidos de frescor en su espesura.
Pongo voz a sus ansias de volar,
y empujo sus palabras en el aire,
con la única fuerza de mis besos.


Imagen: Jovani fotógrafos - http://www.fotografoscastellon-jovani.com/servicios.htm

viernes, 18 de marzo de 2016

Álbum de "Fotos de Manicomio"


Escrito a partir de "Fotos de Manicomio" de Jesús Arroyo, gran poeta y mejor amigo.



Ahora que hay libro en los estantes
y un cautivo frente al espejo,
descubrimos entre dos los adoquines
en espacios abiertos sin amnesia.
Tal vez, sentados ante la misma copa
podamos despertar de la cordura
en este precipicio sin esquinas,
donde avanzan artrópodos sin miedo
entre árboles caídos y hojarasca.
Es posible que este sea mi principio,
labrado con semillas de otro tiempo.
No busco ya la paz, no soy culpable.
Me quedo quieta, crecida y diminuta,
coseré sin hilo blanco esta amistad grabada.
Hay veces, que se acierta a la primera.


http://www.unariaediciones.com/u/wp-content/uploads/2015/10/FDM_sample.pdf



jueves, 10 de marzo de 2016

Trastornos alimentarios

Hace mucho tiempo ya,
perdí mi corazón y la cintura.
No quise atar en corto
esas viejas pasiones del olvido
que ahogan y no aprietan.
Los surcos del amor se dibujaron
en mis tejidos rotos.
Ahora no sé cómo dar la talla
ni guardar la línea de mi vida
sin halagos que engorden mi ego,
o mi eterna flaqueza de espíritu.
Voy a mantener mis convicciones.
Seguiré engullendo versos compulsivos,
tocaré la lengua con mis dedos,
hasta vomitar todas las letras.
Voy a contaros todo, no quiero comerme nada.


El poema está servido.


Ilustración: Gabriela Pascale.