Palos y no de ciego
sobre el musgo más suave de la roca,
la que defiende el mar de las mareas,
vestida de cristal,
silenciada por togas insumisas.
Un sunami invisible
despierto entre mil cantos de sirenas.
Ya no hay quien ponga freno.
Nubes de plástico en las plazas
con calles inventadas al olvido,
los gritos y las llaves
sobre un desnudo asfalto.
Una alfombra de cuerpos se levanta
azotada por malos servidores.
Ombligos sin entrañas,
te hacen morder el polvo y te devoran.
Los flecos de esperanza se hacen hueco.
Hoy toca resistir,
y plantar cara, puño en alto.
Hoy toca renacer
y encontrar otro mundo a quemarropa.
Luchar por lo que es nuestro nuevamente.

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