Por lo que más quieras lávate bien esas manos antes de acostarte, sabes perfectamente que no soporto el olor a pescado.
Ella seguía hablando mientras impregnaba su cara con una crema pastosa, anti-manchas, anti-arrugas, y lo peor de todo anti-besos; observándola desde la habitación pensaba que a él no le molestaba ese olor, le conducía por los canales de la memoria a su infancia…en la pescadería de su padre donde la vio por primera vez, retocándose las trenzas y pellizcándose los mofletes para estar más guapa.
Se lavó las manos y le estampó un sonoro beso en la mejilla que le dejó un regusto a aloe vera en los labios.

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