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viernes, 31 de enero de 2014

El Tren de La Libertad



"Hay en mi corazón furias y penas"
Quevedo


"Para la libertad sangro, lucho, pervivo"

Miguel Hernández



Todas las tardes me olvido de quién soy. Me transformo en autómata programada sin cables ni circuitos que me enchufen a la sombra de la dicha que habita en otros. Mi sangre a veces se detiene y otras fluye corriente abajo por las horas lentas hasta el ocaso, en este lugar solemne, cuna de muertos en otro tiempo, centro exacto del escenario, con paredes con historia donde habitan los de siempre y se ahogan los recuerdos; entonces mi corazón se detiene mudo, seco, acongojado, en un ir y venir de mareas lentas que buscan inseguras su derecho a decir NO, a dar vida o a no darla a consolidar fronteras alcanzadas mucho tiempo atrás. Derecho a vivir con dignidad debida, a no ser aplastados.

Mientras escribo, todo está tranquilo en la calle. No hay nada que impida a los de siempre aplastar a los de siempre. Hay una extraña calma, se escuchan los murmullos incesantes de todos, los que deambulamos por sus alrededores a la  espera de más furias que penas en nuestros corazones.

Y en el profundo norte, en Asturias, el Tren de la Libertad parte con mujeres, con "Comadres" valientes que quieren decidir sobre su vida, su propia vida. Vendrán más trenes, cargados de ilusiones, de "Caperucitas feroces" que quieren cambiar el cuento, mujeres dueñas de su cuerpo que lucharán con uñas y dientes, princesas para las que "nunca es demasiado tarde". Madrid les espera, esta vez "si pasarán", porque la puerta de Atocha se abre, y si hace falta "sangra, lucha y pervive para la Libertad".



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