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jueves, 10 de marzo de 2016

Trastornos alimentarios

Hace mucho tiempo ya,
perdí mi corazón y la cintura.
No quise atar en corto
esas viejas pasiones del olvido
que ahogan y no aprietan.
Los surcos del amor se dibujaron
en mis tejidos rotos.
Ahora no sé cómo dar la talla
ni guardar la línea de mi vida
sin halagos que engorden mi ego,
o mi eterna flaqueza de espíritu.
Voy a mantener mis convicciones.
Seguiré engullendo versos compulsivos,
tocaré la lengua con mis dedos,
hasta vomitar todas las letras.
Voy a contaros todo, no quiero comerme nada.


El poema está servido.


Ilustración: Gabriela Pascale.

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