Voy a escribir con fuego nuestra historia y avivar con
caricias sin renunciar a sueños que aún navegan hacia la realidad más áspera,
la que nos golpea sin miramientos.
No busco un poema de amor, pero si surge entre estas llamas,
sea bienvenido. Busco tus manos que me empujan, no tu corazón, ¿de qué me
sirve?
Te amo con los ojos bien abiertos, con la boca, con la piel
arrugada, con artrosis, colesterol, con tensión alta, con ataques de gota y con
apneas. Con lluvia y con calor, con fe y sin credos, te amo los domingos y los
lunes.
No queman las palabras, me escuece el hielo del silencio,
pero si hoy he escrito este poema, es para que nunca sea leído.
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