Otra noche sin luna.
El petricor se cuela en mi ventana.
Los ojos y las tripas cansadas de ser yo,
retuercen el silencio
sin sueño ni ilusiones que llevarme a la boca.
Otra luna sin luz.
Las piernas me responden, pero el corazón calla.
Es otra nueva piedra en el camino
que borra el viejo cauce de los días.
Otra luz sin mañana,
y volveré a caer sin levantarme
aferrada a las manos que me empujan,
sabiendo que la puerta ya está abierta.
Otra mañana.
No soy yo la que escribe,
soy otra.